El paseo comienza en el mercado de artesanos, donde el mimbre es algo ya casi extinto. No obstante, en uno de los puestos he encontrado este exquisito rincón.

De camino hacia el centro del pueblo, a uno le llegan olores de lo más variados, tanto de la gastronomía murciana, como de otros lugares de España (he probado un queso manchego que estaba de rechupete). Y cómo no, esas migas caseras que abren el apetito a cualquiera.

Por fin llegamos a la primera cuadrilla, donde varias parejas de baile nos deleitan con sus alegres movimientos, al son de jotas, parrandas, malagueñas...

Y vamos de una cuadrilla a otra, con distintos músicos y distintos bailarines, pero con el mismo ambiente jovial y las mismas letras picantes. Y siempre, esa mezcla generacional.


Una de las más concurridas es siempre la Cuadrilla de Aledo, que cuenta con una buena plantilla de músicos.

Y por supuesto con el Tío Juan Rita, ese gran trovero al que le faltan apenas unos días para cumplir los 100 años de edad.

Ahí le vemos improvisando, micrófono en mano y creando gran expectación entre los asistentes, que incluso se suben a barandillas, semáforos y árboles, para poder verle.

Aquí estaba el pícaro tirándole los tejos a la anciana del bastón.

De camino hacia el centro del pueblo, a uno le llegan olores de lo más variados, tanto de la gastronomía murciana, como de otros lugares de España (he probado un queso manchego que estaba de rechupete). Y cómo no, esas migas caseras que abren el apetito a cualquiera.

Por fin llegamos a la primera cuadrilla, donde varias parejas de baile nos deleitan con sus alegres movimientos, al son de jotas, parrandas, malagueñas...

Y vamos de una cuadrilla a otra, con distintos músicos y distintos bailarines, pero con el mismo ambiente jovial y las mismas letras picantes. Y siempre, esa mezcla generacional.


Una de las más concurridas es siempre la Cuadrilla de Aledo, que cuenta con una buena plantilla de músicos.

Y por supuesto con el Tío Juan Rita, ese gran trovero al que le faltan apenas unos días para cumplir los 100 años de edad.

Ahí le vemos improvisando, micrófono en mano y creando gran expectación entre los asistentes, que incluso se suben a barandillas, semáforos y árboles, para poder verle.

Aquí estaba el pícaro tirándole los tejos a la anciana del bastón.
Tras compartir todas estas fotos y comentarios me planteo, medio en broma medio en serio, el porqué de esta difusión que siempre le doy a la fiesta de Barranda, si en realidad preferiría que no fuera tan conocida, para que la Calle Mayor y aledañas no se llenaran tanto de gente y no se formasen esos embotellamientos que tanto dificultan el tránsito... Pero, en verdad, ese ambientazo y esa alegría que tiene la gente, junto con la convivencia de pequeños y mayores en torno a la cultura popular es, sin duda, lo mejor de esta fiesta, declarada de interés turístico nacional, y patrimonio cultural inmaterial. Siendo esto así, ¿cómo no va a sentir uno la necesidad de contarlo?


Desde aquí mi más sincera enhorabuena y agradecimiento a la gente que hace posible esta fiesta, año tras año, y ojalá que sean muchos más.



2 comentarios:
Me alegra saber que estuviste allí y lo pasaste "pipa", paisano.
La cultura popular es bueno para todos; es de todos sin excepción y hay que mantener las costumbres de los pueblos cuando son sanas y positivas y , sin perjudicar a nadie ni siquiera animales, unen y distraen a los pueblos.Esos pueblos orgullosos de cuidar su identidad.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.
¿Seré desgraciada que no sabía nada de esa fiesta? Si te interesa el mercado de artesanía, el Maestro Mayor de los artesanos es pariente de mi cuñado de donde recogiste mi libro. Presenta cada cosa preciosa en distintos puntos de Murcia y eso de comida típica con degustaciones es lo mejor de esas ferias por lo que de entrañable tiene. ¿Has probado la sémola con bacalao, de Cabezo de Torres? Algo delicioso, paisano.
Chao y que usted lo estudie bien, hermoso.
Carmen
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