Y por cierto, la página web de Amnistía Internacional en la que se dan más detalles sobre esto, así como la posibilidad de firmar el correspondiente manifiesto/protesta, está AQUÍ

Y conste que no echo el candado, porque esta casa permanece abierta para los amigos que quieran seguir paseándose por aquí de vez en cuando, hasta que llegue el momento de reabrir las puertas de par en par. Tampoco yo voy a renunciar a visitar esporádicamente mis blogs-amigos.




Tengo que decir que a mí esta exposición me ha conmovido de una forma especial, porque conforme iba leyendo el folleto informativo y me iba enterando de los detalles de semejante crimen, regresaban a mi mente numerosas escenas que viví junto a un grupo de inmigrantes ucranianos a los que estuve enseñando español en el verano de 2001. En concreto, recordé diversas anécdotas, muy tristes, que algunos de ellos me relataron sobre la situación que estaban viviendo en su país y que les habían motivado a emigrar a España. Si no recuerdo mal, una de las causas era la alta inflación, completamente desorbitada en comparación con los sueldos; incluso los de personas con un nivel cultural alto. Un claro ejemplo era el de una chica joven que ejercía allí de profesora universitaria y llegó a estar tres meses sin cobrar su sueldo. Otra de las mujeres del grupo era fisioterapeuta, otra ingeniera ferroviaria y así un largo etcétera.
La ingeniera ferroviaria es la única con la que he seguido en contacto hasta la actualidad, y de hecho nos une un gran afecto y procuramos vernos de vez en cuando, pues continúa viviendo aquí, en Murcia, aunque tiene a la mitad de su familia en Ucrania, incluidos sus padres, una de sus hijas, su yerno y sus pequeños nietos. La última vez que nos vimos (hace unos meses) estuvo enseñándome algunas fotos de toda su familia… Pero hasta ahora yo no tenía la menor idea de lo que fue el Holodomor. Tenía conocimiento de las mafias y la corrupción que padece aquel país, incluso en nuestros días, pues ella misma me ha hablado de ello, pero jamás del Holodomor (en ucraniano Голодомор, "matar masivamente de hambre").
Seguí leyendo el folleto informativo de aquella exposición de La Merced y no daba crédito a lo que leía: «En el período de entreguerras, el gobierno soviético impulsó en Ucrania (nación agrícola por excelencia) la colectivización de la agricultura, con el fin de someter a los kulaks (los campesinos que tenían tierras) y reducir al nacionalismo ucraniano, utilizando todos los medios necesarios, incluso los más despóticos y mortíferos, como el hambre, una de las formas de tortura y de muerte más atroces que se conocen». Murieron millones de personas; una cifra que aún hoy es difícil de precisar porque el gobierno soviético tomó medidas especiales para mantener en secreto estas cifras: no fueron publicadas y, para guardar el secreto, incluso se fusiló a demógrafos. (No obstante, tales cifras oscilan entre 6 y 8 millones de personas aproximadamente).
«Entre febrero y julio de 1933 el hambre artificial provocada por el régimen comunista en Ucrania llegó a los momentos de mayor crudeza. Las consecuencias fueron una hambruna generalizada y prolongada en la que murieron millones de personas, simplemente porque no tenían que comer. Los ucranianos pasaron a comer hojas, perros, gatos, ratas, pájaros y ranas. Cuando esto no fue suficiente, incluso pasaron al canibalismo». En fin, un desastre absoluto, horrible y desgarrador.
El folleto informativo, acaba diciendo: «El Holodomor, que en el mes de noviembre de 2008 celebró su 75 aniversario, es ignorado, en general, por la opinión pública española y no ha recibido la atención merecida por parte de los estudiosos de temas soviéticos y postsoviéticos en nuestro país. Queremos que esta exposición sirva para conocer estos trágicos acontecimientos que provocaron la muerte por hambre de millones de persona. Asimismo, deseamos sumarnos a la campaña emprendida por el gobierno de Ucrania y la Diáspora de Ucranianos en el Exilio –Ukrainian World Congress- para que los organismos internacionales reconozcan el Holodomor como un acto de genocidio y, de esta forma, el holocausto cometido contra el pueblo ucraniano no goce de prescripción, ni de olvido».
Y yo no podía por menos que publicar esto en mi bitácora, en la medida en que constituye la única tribuna desde la que un servidor puede dar difusión a esta información, para que el mundo la conozca y, por consiguiente, no quede en el olvido un crimen de semejantes proporciones.

Pero no me he marchado del teatro, ni tengo intención de hacerlo. Permanezco ahí, en el backstage, entre bambalinas. Y tomo nota.
Lo que os propongo que leáis (y si acaso reflexionéis) es un fragmento extraído de los diálogos de la película “El indomable Will Hunting” (o “Good Will Hunting”). Como ya dije en otro post, para mí los guiones son algo fundamental en una película, por lo que me suelo fijar bastante en ello. Y ciertamente, el guión de esta peli me parece uno de los mejores que se han escrito en época reciente. Digo yo que en este caso no andaré muy desacertado cuando el filme ganó dos Óscar (al mejor guión original y al mejor actor secundario, Robin Williams), y la mayoría de los críticos de cine tiene buenas palabras para ella.
El fragmento que he escogido y que a mí particularmente me parece brillante, es de la escena en que ambos personajes aparecen sentados frente a un estanque. Will, con su habitual actitud arrogante, se dedica a vacilarle al profesor Sean, de una forma pretendidamente elocuente, pero obscena y mordaz a la vez. Es entonces cuando éste le da una lección sobre el valor de la experiencia y de la humildad:
Eres un crío. En realidad no tienes ni idea de lo que hablas. Es normal, nunca has salido de Boston.